Trabajamos con apicultores de la Asociación de Productores de Miel del Sur de Anzoátegui, herederos directos del oficio andaluz que llegó en 1565.
Cada año, entre mayo y agosto, las colmenas se mueven a los apiarios cercanos a los farallones de Chimire, donde el mastranto florece sin pedir permiso. Cosechamos solo la zafra que es 100% monofloral, el resto se vende como miel de campo a granel, y no lleva nuestra etiqueta.
La zafra empieza cuando el mastranto florece, no antes. Si la lluvia se retrasa, esperamos. Si no llega, no hay frasco.
Trabajamos con apicultores asociados de la Mesa de Guanipa. Se trabaja con humo, sin agresividad, respetando los ciclos de la colmena.
No filtramos a presión: dejamos decantar. No pasteurizamos: la miel viva cristaliza, y eso es prueba, no defecto, de pureza.
Frasco a frasco, número de lote y año de zafra. Si lo hicimos así durante cuatro siglos, no vamos a cambiarlo ahora.
Antes de cada lote, una muestra va al laboratorio: análisis polínico (para confirmar >60% Hyptis) y fisicoquímico (humedad, HMF, color Pfund). Si un lote no llega, no lleva nuestra etiqueta. Se vende como miel de campo a granel.
Sacamos pocos kilos. No hacemos más. No sabemos hacer otra cosa.